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 Ninwë Ast'Thalan: Soliloquio

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Ninwë
Empuñadura
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MensajeTema: Ninwë Ast'Thalan: Soliloquio   Mar Jul 20, 2010 3:25 am

(Como veo que mi presentación quedó en el foro antiguo y para que los demás os animéis, dejaré una breve presentación a nivel de roleo, más enfocado a la actual situación de Ninwë.)


SOLILOQUIO

Su paso no era ni rápido ni lento, sus zancadas ni cortas ni largas. Una larga capa carmesí ribeteada de dorado cubría su férrea armadura de batalla, lustrada concienzudamente para la ocasión.

Llevaba el platino cabello suelto, golpeandole contra media espalda a cada paso que daba mientras se deshacía de sus pesados guanteletes antes de llegar a la mesa donde habíamos quedado esa misma noche.

La observé un rato más, aprovechando el desconocimiento de mi persona por parte de mi invitada. Aúnque su porte era frío y regio, logré descubrir un atísbo de coquetería femenina en los numerosos pendientes de oro que atravesaban sus elficas orejas. Si bien el maquillaje no parecía agradarle, su tez pálida como la misma Elune me hizo pensar que debía haberse empolvado antes de venir, quizás para disimular alguna cicatriz de batalla. Pero lo que más me llamó la atención a la distancia donde me encontraba fue su expresión. Serena... pero en su mirada verde vil rugían las llamas de los combates librados y los reveses de la vida, dejando que ese aspecto infantil que conocí hace años, quedara menguado a tan solo un vistazo rápido.

Estaba seguro de que no me reconocería. El paso de tantos años había cambiado mi semblante incluso más que a ella. La perdida de mi ojo derecho en batalla y mi cojera incipiente, aunque leve y fácilmente ocultable dicho sea de paso, y la perdida total del color de mi larga cabellera de ébano la confundirían sin duda.

La elfa alzó una lánguida mano y prestamente se acercó una muchacha con una jarra de hidromiel. Advertí que puso dos copas en al mesa, sin duda mi invitada me esperaba, así que decidí no hacerla esperar más de lo debido.

El tintinear de mi espada contra mi muslo enlatado captó su atención de inmediato. Levantó la mirada y esbozó una breve y diplomática sonrisa mientras se incorporaba de la silla, tendiéndome la mano.
Me había vestido concienzudamente para dar una buena impresión. Mi coraza plateada había visto mejores tiempos, pero había logrado que le hicieran un buen apaño perefectamente disimulado bajo mi tabardo rojo y negro.

-Lamento el retraso, Dama Ninwë. -dije con la mejor de mis sonrisa mientras estrechaba la mano que me tendía intentando no sobresaltarme por el tacto frío de esta. -Por favor, tome asíento. Muchas gracias por asistir a la misiva. Espero no haberla interrumpido de sus quehaceres.- añadí mientras tomaba asiento haciendo caso omiso del precario crujir de la silla de madera bajo el peso de mi armadura.

-No os preocupeis, estoy encantada de recibiros. Soy la Dama Ninwë Ast'Thalan, Empuñadura de Seguidores del Filo y Caballero de Sangre de Lunargenta.-fué su escueta respuesta mientras escanciaba las jarras del dulce licor y la tendía en un vago gesto.

-Gracias. Supongo que no me recuerda, son muchos los añós que han pasado desde que nos vimos por última vez, apenas comenzabais a ser una mujer, cosa que veo que habeis conseguido con excelente éxito. -dije mientras la observaba con una sonrisa, esperando captar alguna reacción por su parte.

Su mirada se enfocó en mi y yo hice lo mismo... entonces pude advertir que su tez no estaba empolvada, era su palidez natural. Verdosas y grisaceas pequeñas venas surcaban parte de su rostro, dándole un aspecto ceniciceno, demacrado.

-Lo siento, pero no hago memoría en estos momentos, o eso, o habeis cambiado mucho Maese... -Ninwë dejó la frase a medias esperando que yo la contestara.

-Arradil, Maese Arradil. Quizás os suene más si me recordarais con el ojo sano y el cabello negro como el ala de un cuervo. O quizás en compañia del que fué su maestro de juventud, el Capital Heldangar. -comenté con camadería mientras apuraba la copa y escanciaba una nueva.

Los ojos de la elfa se iluminaron y esbozó una sonrisa sincera por primera vez en la conversación.

-Quien lo diría. ¿Cuanto tiempo ha pasado? Igualmente, eso no importa ahora. -respondió ella restandole importancia con un ademán de mano. -Me alegra veros de nuevo, no volví a tener noticias de vos desde... -La elfa se interrumpió dando la frase por concluida.

-Desde la muerte del Capitán Heldangar, si. -murmuré una leve plegaria por su alma en Thalassiano a la que ella respondió con un breve asentimiento de cabeza. - Pero no he estado inactivo, lideré algunos ejercitos aquí, en Rasganorte, cuando la amenaza del exánime no era más que un miedo en la boca del pueblo... luego ya se vió la realidad, y con ella... -señalé el parche que tapaba mi ojo derecho- ... mi vida de tornó un infierno. Pero no estoy aquí para hablar de mi, como bien sabreis. -Hice una marcada pausa mientras ella vaciaba el contenido de su copa con apenas dos sorbos y volvía a escanciarla. -Vuestras victorias y galardones honran a la Orden, Dama Ninwë, pero vuestra ausencia en las reuniones y vuestra carencia de informes, y porque no decirlo, de interés, ha preocupado a más de un miembro, y no hablo de escuderos rasos, si no de altos carg... -La elfa alzo un dedo en gesto de silencio que me dejó helado.

Pasó sus finos dedos por el dorado cabello y emitió un corto suspiro.

-Maese Arradil. -comenzó con un tono cortante, tajante, tán frío que me hizo enmudecer. -Conoceis de sobra mi opinión sobre la Orden. Desde que entre en ella mis opiniones eran la fuente de los quebraderos de cabeza del Capitán Heldangar. Tan solo son un montón de elfos arcaicos que está empeñados en seguir un montón de absurdas leyes inaplicables hoy en día si queremos una victoria. Comprendo que quieran seguir lo que la historia comenzó, pero en tiempos de guerras y fatalidades, podríamos prender fuego a más de la mitad de ese libro. -sentenció mientras clavaba su mirada en mi único ojo sano, tan penetrante que bajé la vista hacia mi copa, pensando con cuidado que palabras responder ante tal desfachatez a la Orden de Sangre. Pero no me dió ese privilegio. -¿Acaso no he cumplido con mi cometido? ¿Acaso, Maese Arradil, no he salvado incontables vidas y parado incontables ataques? No pueden juzgarme por mis pensamientos, si no por mis acciones. -añadió sin retirar la mirada.

-Dama Ninwë, no soy yo quien debe juzgar vuestras acciones. Si bien es sabido que vuestras condecoraciones hablan por si mismas, no os están tachando de no cumplir vuestro cometido. Dejad que me explique con más claridad. ¿Recordais lo ocurrido en la Puerta de la Cólera? -pregunté intentando llevar la conversación a mi campo en una batalla dialéctica que no tenia buenas previsiones.

La elfa asintió e incuso me pareció ver un amago de media sonrisa en sus labios antes de que la borrara por completo. El brillo de sus ojos parecía avivarse, quizás al recordar el fatídico día.

-Lo recuerdo con exactitud. ¿Qué ocurre con eso? No eran más que Renegados exigiendo venganza. ¿Acaso vos no os sentiriais así si os trataran como han sido tratados ellos? -preguntó Ninwë con una mueca de reproche en su rostro.

-Ese no es el caso, Dama Ninwë. Es que se convocó una reunión de urgencia... y vuestra silla se encontraba vacía. Además, corren rumores de que últimamente frecuentais la amistad de un Renegado al que se le relaciona con los Boticarios de Entrañas. -dije con sumo tacto y en un tono más bien quedo, ajeno de los oídos presentes.

-¿Y? ¿Qué esperabais? ¿Qué viniera para decir lo que pienso? ¿Qué Sylvanas era una inconsciente y que todo esto se veía venir? ¡Vamos! Si era un secreto a gritos entre el populacho .Además, bien es sabido que muchos Renegados no toleraban que una elfa de sangre, por muy muerta que esté, gobernara algo que desconoce, y menos aún que tuviera a un demonio como aliado. -concluyó la elfa con cierta sorna en sus palabras que no me pasó por alto. -Y respecto a mis amistades, ¿no creeis que son cosa mía? -añadió con un tono mordaz que no daba mucho pié a replica. -Creo que tengo suficiente credibilidad para que ahora se dude de mi.

Sus palabras fueron duras, pero he de reconocer que falta de razón no tenian. Yo mismo había dudado incontables veces que Lady Sylvanas hiciera lo correcto, no podía culparla por pensar así, así que me limité a asentir, aún así, aún me quedaban preguntas que debía hacer.
La jarra se estaba acabando, hice ademán de pedir otra, pero ella me retuvo con un gesto de negación al cual yo obedecí dándome cuenta que quizás había bebido demasiado. No es costumbre en mi beber, pero cuando me siento nervioso recurro a la bebida para darme ese empujón que todo ser vivo necesita algunas veces en la vida.

-Dama Ninwë... -comencé intentando que el alcohol no se me subiera a la cabeza. - Siento si mis palabras han sonado como una acusación, nada más lejos que la realidad. Simplemente se me informó de esto y me asignaron para citarme con vos, supongo que porque ya nos conociamos con anterioridad. Igualmente yo no estoy aquí para juzgar vuestros actos ni palabras, simplemente para dejar constancia de esta reunión y de lo que se ha dicho en ella. Ahora a modo personal, Dama Ninwë, deberíais de pensar seriamente hacia donde encaminais vuestros pasos, son muchos los rumores... -Y no me dejó continuar.

-¿Qué rumores? Ahora hablad, no podeís tirar la piedra y esconder la mano, Maese Arradil. -Preguntó la elfa con tanta vehemencia que por un momento pensé que el alcohol se había esfumado de mi torrente sanguineo. Pensé que una pregunta directa solo puede tener una buena contestación, una contestación directa.

-Se rumorea que estais perdiendo la Luz... -respondí no sin cierto reparo y bochorno.

Ninwë se incorporó lentamente con una extraña sonrisa en sus labios, una sonrisa que podía decir muchas cosas y transmitir aún más. Ironía, sarcasmo, reproche, diversión... todo aquello y más únidos en una sola mueca, una simple sonrisa.

-¿Y si ahora estuviera comprendiendola más que nunca? Para comprender algo, hay que saber como funciona perfectamente. Muchos de vosotros sois simples ignorantes, ciegos con la Luz, predicando su palabra como el borracho que predica el fín del mundo. ¡Nécios! ¡Ineptos!... a veces hay que quemarse para ver el sol... -másculló entre dientes, exhudando su odio hacía mi, martilleandome con su ira, pero sobre todo con su mirada. Allá donde antaño había resplandor, ahora moraba la sombra, danzando entre la luz, enroscandose en esta como si de los aros de una sierpe se trataran.

Acto seguido, sin previo aviso, todo cesó y me dedicó una amplia sonrisa.

-Creo que nuestra entrevista ha terminado, Maese Arradil. Espero que la velada haya sido de su agrado, aunque veo que el hidromiel si lo ha sido. -se permitió bromear la elfa como si no hubiera sucedido nada. -No os aconsejo montar en vuelo ahora, podría ser contraproducente. Envíe mis mejores deseos a la Orden y comunique que me encuentro bien. Buen viaje. -

La observé colocarse de nuevo los pesados guanteletes sobre sus mortecinas manos y hecharse la capa sobre los hombros con brío, como el viajero que siente frío... Quizás sentía frío, pero no un frío como el que todos conocemos, si no un frío que pocas personas pueden sentir, el frío de saber que ya nada es capaz de llenar tu vida...

O quizás... simplemente bebí demasiado.






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“Toda arma esta compuesta de varias piezas. Un filo es letal, pero sin empuñadura, sin afilar y sin mano que lo empuñe, es inútil. Todo requiere unidad.” Ninwë As'Thalan
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Izrileth
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MensajeTema: Re: Ninwë Ast'Thalan: Soliloquio   Jue Jul 22, 2010 11:07 am

/clap

Más que interesante relato, rico en vocabulario. Un excelente trabajo.
Si quieres que los demás se animen, has dejado el listón muy alto.
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